Santiago Alamilla Bazán

Historia de una preparación inexistente

El coronavirus en México

Santiago A. Alamilla Bazán (*)

Desde el 18 de marzo el gobierno federal en voz del Presidente y del Subsecretario aseguran que desde enero estamos preparándonos para la pandemia. “Vimos que pasó en Asia y Europa anticipadamente y eso nos permitió planear”, repite Gatell. Sin embargo, la realidad abrumadora da indicios de que la verdad es otra.

Es cierto que nadie podía saber que sufriríamos una pandemia, pero 2019 fue, de acuerdo con datos de Compranet, el único año desde 2006 en que no se adquirió un solo ventilador de esos que hoy son tan necesarios para afrontar al virus; se dio mantenimiento a algunos de ellos pero no se continuó con la práctica de adquirir nuevos para sustituir los más antiguos o defectuosos.

La verdad es que antes de la “sana distancia” en el ámbito federal no se había tomado ninguna acción, y al parecer la planeación que refieren las autoridades se limitó a realizar un análisis somero donde la conclusión fue que la pandemia no resultaría problemática.

Apenas un día antes de ordenar la cuarentena, López Obrador urgió a los ciudadanos a salir a las fondas a abrazarse y continuar con su vida normal.

Por cierto, fue hasta el mismo 23 de marzo por la tarde que el IMSS a través del procedimiento IA-050GYR007-E260-2020 encarga el estudio de mercado para la compra de los ventiladores volumétricos; queda entonces bastante claro en qué momento comienzan a dimensionar el problema en el que estábamos metidos.

La decisión tardía para atender la pandemia les obligó a tratar de conseguir ventiladores de manera emergente donde fuera y con quien fuera, haciendo la primera compra por adjudicación directa solamente un día después de la declaración de la sana distancia. El 24 de marzo se compran en 20 millones de pesos a Blue Net Nueva Inversión SA de CV, empresa de Baja California Sur, los ventiladores que tuviera.

Como la urgencia era evidente, se realiza el día 30 de marzo una nueva gran adjudicación directa por casi dos mil millones de pesos, a una empresa con malos antecedentes llamada Levanting Global Servicios, que además se dedica a otras cosas que nada tienen que ver con los equipos médicos, y como suele suceder en estos casos, no fue capaz de cumplir lo pactado, así que el IMSS no tuvo más remedio que reconocer el error y cancelar la compra.

Las desventuras de una preparación inexistente continuaron el 20 de abril cuando, tratando de adquirir los indispensables ventiladores, otorgan también por adjudicación directa un contrato de 31 millones de pesos a Cyber Robotics, empresa del hijo de Manuel Bartlett, en lo que a todas luces parece un tráfico de influencias para vender a sobreprecio.

La lista de escándalos de la trasformación de Obrador parece no terminar. Apenas unos días después, el 21 de abril se le compran otros ventiladores a la empresa veracruzana recién creada en 2019, Bidcom SA de CV, por 98 millones de pesos, negocio propiedad de personas ligadas desde hace varios años y en distintos escenarios con Rocío Nahle, secretaria de Energía.

Al igual que el método Centinela, la compra del equipo ha resultado un proceso opaco, ineficaz, mal planeado y virtual, ya que los únicos equipos con los que realmente se cuenta son los que le enviaron de Estados Unidos por mensajería a Marcelo Ebrard el pasado 5 de mayo. Los demás no han podido materializarse y sí han dejado en evidencia la mala planeación, ingenuidad, negligencia o corrupción de las autoridades federales, cuyos intentos han resultado en operaciones fallidas o cuestionadas.— Mérida, Yucatán.

salamillab@yahoo.com

Doctor en Ciencias Económicas

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