Santiago Alamilla Bazán

El México que añora López Obrador.- Paráfrasis

Santiago Alamilla Bazán.- Cada día, en su presentación matutina escuchamos reiteradamente una andanada de denuestos hacia “los conservadores” y “los neoliberales”, aquellos que según el Presidente se oponen a su gestión y llevaron al país a una serie de problemas  y situaciones desastrosas.

Pocas veces a las mañaneras acuden periodistas de verdad, la mayor parte de los que asisten y a quienes se les da la palabra son personas que no son reconocidas por su mismo gremio y que únicamente se prestan al juego demagógico de López Obrador para que pueda explayarse con sus explicaciones de la realidad económica o social de México y el mundo, equivocadas la mayoría de las veces.

Pero que sin falta son proferidas en esos eventos diarios que recuerdan a Fidel Castro durante su mandato.

Hagamos un pequeño repaso, el liberalismo se refiere a la mano invisible en la economía, es decir que todo debe estar regulado por las fuerzas del mercado sin la participación del estado.

Después de la gran depresión de los años 30 se demostró que la administración pública debía tener participación y actuar sobre algunas variables económicas para equilibrar las fuerzas y evitar que se repitan situaciones como la que se padeció, por lo que el gobierno comenzó a intervenir en varios campos.

El neoliberalismo surge después de esta intervención para tratar de regresar a la política liberal, ahora reconociendo que el estado debe tener participación pero ésta debe ser la mínima posible, de ahí surge aquello de “el estado mínimo”, es decir que la actividad económica debe llevarse a cabo por las empresas y solamente en las áreas indispensables y básicas debe intervenir el Estado.

Andrés Manuel fustiga diariamente a lo que el llama el periodo neoliberal iniciado por Salinas de Gortari, etapa donde el gobierno mexicano sacó las manos de muchos campos y dejó que los empresarios se hicieran cargo de ellos; recordemos que en el sexenio de Miguel de la Madrid el estado mexicano era dueño de cabarets, equipos de futbol, fábricas de papel, ingenios azucareros y cuanta cosa se nos pudiera ocurrir.

Teníamos algo que en su tiempo se le llamó un “estado obeso” por lo que había que adelgazarlo quedándose solamente con lo indispensable.

Lo que no menciona el Presidente, es que este modelo económico se toma en México como resultado del estrepitoso fracaso de la política económica de los rancios gobiernos priístas, aquellos de los que, quienes nos acordamos, tratábamos de escapar a como diera lugar y cuyos errores dieron origen a la transición política.

Luis Echeverría y José López Portillo quebraron las arcas nacionales por su estilo de gobernar, hoy los llamamos populistas; se dedicaron a gastar dinero a manos llenas en obras acciones que solamente consiguieron que la hacienda pública se afectara de manera irreversible, inclusive una de las frases más recordadas de López Portillo era la “administrar la abundancia”.

Echeverría se sentía ungido para que el mundo entendiera los modos y maneras de los países latinoamericanos, de los que sentía la responsabilidad divina de encabezar en su planteamiento frente a los dos bloques mundiales, que en ese tiempo, pináculo de la guerra fría, representaban los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Por eliminación, si el Prejidente se opone tan virulentamente a los conservadores neoliberales como les llama, entonces tenemos que aceptar que lo que añora es el México del PRI que conoció en los setentas, de aquel partido donde incluso fue funcionario y autor de su himno; de ese PRI que hundió al país y que lo arrastró a sus peores crisis económicas, sumido en la corrupción y la miseria.

Ese es el México que extraña López Obrador; un México donde el gobierno decidía que se publicaba en los periódicos, que palomeaba lo que se diría en los noticieros y la temática de los programas de televisión.

No Presidente, no volveremos a ese país que tanto extraña, la política neoliberal ha hecho muchas cosas mal, es verdad, pero nos salvó de la debacle de los gobiernos que quiere emular.

Parafraseando a Churchil con su expresión de la democracia: El neoliberalismo ha demostrado ser el peor de los modelos económicos… exceptuando todos los demás.

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