Santiago Alamilla Bazán

The AMLO Show – Paráfrasis

Santiago Alamilla Bazán –

Despertarse a las cuatro de la mañana para poder llegar antes de las 6 a la calle de La Moneda, justo dando la vuelta al Palacio Nacional para esperar que se abran las puertas y poder entrar a las mañaneras del presidente. Por lo general en el camino pueden verse grupos de manifestantes, por lo regular pequeños pero de vez en vez hay un contingente mayor; las inconformidades son variopintas, desde el problema de los medicamentos para niños con cáncer hasta burócratas que les quitaron los viáticos, pasando por maestros, mujeres, pasantes de medicina y una larga lista de etcéteras.
No importa a qué hora llegues, por más temprano que lo intentes primero pasan los periodistas afines a la cuatro te, ellos ocupan las primeras filas invariablemente; la mayor parte de ellos no representa a ningún medio tradicional o con años en el periodismo, son blogueros, reporteros menores de medios pequeños, pero todos están listos y preparados para contener cuando las preguntas o insistencias de los otros periodistas, empiezan a complicar al presidente.
En general más que ejercicios de comunicación, las mañaneras son en realidad eventos de proselitismo, es decir que el presidente trata de convencer y ganar adeptos para su doctrina, quien no piense igual será entonces catalogado de conservador (dando un matiz negativo al término) reaccionario, y en el último de los casos enemigo de su gobierno.
Nunca se tienen datos concretos; como en las presentaciones por equipos de la secundaria, cada persona que Andrés Manuel lleva expone su «parte», obviamente todo es una maravilla: La salud está perfecta, no faltan medicinas, la educación inmejorable, las «tandas» una genialidad, en fin. Cuando se le cuestiona sobre lo alegre de las cifras que pareciera están en un «spring break» en el Cancún de los ochenta, entonces hay dos opciones, o él tiene «otros datos» o son los conservadores que quieren hacerle daño a su gobierno. Es entonces cuando uno de los reporteros de las dos primeras filas toma la palabra y reencauza la actuación.
Como todo lo demás, esta dinámica que ha sido calificada internacionalmente como una puesta en escena más que un ejercicio comunicativo, se desmorona, los periodistas serios, por llamarlos de alguna forma, se están hartando de los periodistas «pirata» y los enfrentamientos están a la orden del día. En la transmisión no se alcanza a ver pero durante las exposiciones suele haber gritos de quienes no se les permite preguntarle al presidente, comentarios burlones ante sus respuestas y expresiones de cansancio por lo reiterativo de las expresiones de un gobernante que vive una realidad nacional que solamente existe en su mente y en la forma que ve las cosas.

Hace apenas unos días, uno de los asistentes pidió que se investigue a los periodistas que han sido críticos con AMLO, porque a su decir, alguien tenía que estar financiando a estos enemigos de la cuarta, y al mencionar por nombre y apellido no se fijó que detrás de él estaba una de las aludidas, quien obviamente reaccionó airadamente. En los días posteriores supimos que nunca antes se había cristalizado tan bien el dicho de “cree el León que todos son de su condición» al comprobarse que este pseudo periodista no tiene ingresos comprobables ni labora en ningún medio y su página apenas alcanza los mil seiscientos seguidores, por lo que se hace interesante saber en realidad para quien trabaja.

Las mañaneras, en mi opinión, en el futuro, en un laboratorio de análisis de políticas públicas proveerán de invaluable material para el estudio de las acciones que impiden el avance de una economía nacional, tan importante como la nuestra, así como la transición de una economía en vías de desarrollo a una república bananera. Al tiempo.

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