Santiago Alamilla Bazán

Santa Anna, Juárez y AMLO. Paráfrasis

Santiago Alamilla Bazán

Desde que asumió la presidencia, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se ha dedicado cada mañana a recordarnos la historia desde su perspectiva: Que si los conservadores, que si los liberales, los fifís, la prensa opositora, etcétera.

Sin embargo, cuando analizamos lo que en realidad está sucediendo aunque el Presidente vocifere dos horas diarias que es liberal y republicano, las mismas clases de historia que nos receta le desnudan en su verdadera dimensión: Un conservador centralista empedernido.

La historia de México nos recuerda a Santa Anna como “el que vendió la mitad del país”, militar de abolengo que primero combatió a los rebeldes independentistas y después se unió a ellos en contra de los españoles; en los últimos días de su vida se declaró en contra de la república federal; su tesis era la república centralista, es decir que la figura del presidente fuera las más relevante del espectro político, que las decisiones se tomen desde el centro mismo del poder, que el congreso se mantenga abyecto al gobernante para que todos estén bajo la misma autoridad.

La diferencia entre una república central y una federal es básicamente los polos del poder; en la centralista todas las decisiones las toma el Presidente, solamente hay un congreso general y las leyes que se emiten aplican a todos los ciudadanos del país. Los federales reconocen al país como una unión de entidades libres y soberanas con su propio gobierno y congreso, estados que son capaces de autogobernarse en sus asuntos locales teniendo incluso legislaciones diferentes entre ellos sin contraponerse a los lineamientos federales.

Hace apenas unas semanas el gobierno de la república determinó que atraería la salud a un rango nacional, administrada directamente por la administración pública centralizada a través de un instituto, denominado “De la Salud para el Bienestar” el cual daría cobertura gratuita a todos aquellos no fueran trabajadores asalariados, a ellos los seguiría atendiendo el IMSS y el ISSSTE; se cancelarían los acuerdos con los estados, ya que hasta el momento existen acuerdos con las entidades para que la administración de la salud sea a nivel local; y toda la infraestructura, recursos, trabajadores, y en general todas las responsabilidades serían absorbidas por el gobierno central dejando fuera a las administraciones estatales del tema de la salud de sus gobernados. Las razones que esgrime el presidente para la centralización de la salud se basan en los múltiples actos de corrupción que se han detectado en los gobiernos locales, los cuales en el 2018 a su decir fueron desvíos por más de 70 mil millones de pesos. Desafortunadamente y aunque la razón le asistiría, hasta el momento no se han interpuesto las denuncias penales correspondientes por estos actos de corrupción, y mientras no se denuncie y la autoridad judicial haga su trabajo estas aseveraciones no pasarán de simples anécdotas e historias sin fundamentos sólidos, a final de cuentas es fácil culpar a los que ya no están.

En adición a la centralización de la salud, en la mañanera del 5 de febrero, además de anunciar la demolición de los puentes escolares que se llevaron todas las notas de los periódicos del día siguiente, también anunció que se daría marcha atrás a la federalización de la educación, “Los estados no pueden” dijo, citando también que hay muchos actos de corrupción y que por esa razón se daría marcha atrás a muchos años de trabajo para que sean los estados los que administren los procesos relacionados con la educación. Nuevamente la centralización tipo Santa Anna ronda por el Palacio Nacional, “el pueblo me lo pide” se escucha nuevamente en esos pasillos.

El Presidente López Obrador tiende a compararse con Juárez, sin embargo en los hechos su actuación está resultando más parecida a la de un centralista que pretende recuperar la figura del presidencialismo de mediados del siglo pasado. Hasta el momento no ha realizado ninguna acción que pueda considerarse liberal o juarista pero apenas lleva un año, veremos que lugar le asigna la historia.

Publicado en La Verdad Yucatán el 15 de febrero de 2020

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